martes, 14 de julio de 2009

Recurrencias..., cuento de


Caperucita Roja iba por el bosque. Llevaba una cesta llena de provisiones y estaba muy aburrida.
"Lo peor de todo es que cuando llegue a mi destino y vea a ese asqueroso lobo tendré que fingir que no sé de qué va la historia. Le haré unas preguntas estúpidas: Abuela, ¿por qué tienes esas orejas tan puntiagudas, por qué tienes los dientes tan grandes...? Después me dejaré comer y en el estúpido epílogo un valiente guardabosques destripará al lobo y nos liberará a la abuela y a mí. Y después vuelta a empezar con lo mismo. Vaya grafómano de imaginación tan morbosa el que ha escrito este cuento".

Caperucita Roja dio una patada a un matamoscas que se encontraba en su camino.
"Al menos eso -pensó con satisfacción observando la seta desintegrada- no estaba previsto en el programa. Pero semejantes pequeñas arbitrariedades no compensan el principio determinista".
He aquí la casita de la abuela. Caperucita Roja suspiró y llamó a la puerta.
-Adelante- le contestó una voz. Entró. La Falsa abuela estaba en la cama, como de costumbre. Caperucita Roja dejó la cesta con la comida en la mesa y se sentó en la silla junto a la cama.
-Abuela, ¿por qué tienes las orejas tan puntiagudas?- empezó a recitar pensando en otra cosa.
La Abuela/lobo contestó algo, pero Caperucita Roja ni siquiera lo oyó, pues sabía de antemano lo que iba a oír. Pasó pues a la segunda frase.
-Abuela, ¿por qué tienes los dientes tan grandes?
-...oño- dijo la abuela.
-¿Qué?- preguntó Caperucita Roja, ya que estaba tan aburrida y pensaba con tanta intensidad en otra cosa, que sólo oyó "oño" al final, y este "oño" no le cuadraba con el texto consagrado. La respuesta debía haber sido: "Para comerte mejor".
-He dicho que estoy hasta el moño, querida. Si una vez más te parece que esto es un cuento y no la realidad y que yo no soy tu abuela, sino un lobo disfrazado, te equivocas de medio a medio. Y ahora enséñame lo que has traído para comer.
Caperucita Roja suspiró aún más profundamente que antes y bajó la cabeza. Comprendió que el verdadero aburrimiento no había hecho más que empezar.
(Slawomir Mrozek, Caperucita)

sábado, 4 de julio de 2009

Ir y volver


Sentada al borde de mí..., flotando sobre el tiempo vi pasar, como en una película sin terminar, esos días que se fueron y que no volverán más. Y ahora quiero regresar a ese lugar en el que ya nada se esconde, desde el que ver el tiempo pasar sentada al borde de ti.