miércoles, 14 de octubre de 2015

El gran teatro del mundo

Pensaba que nadie descubriría su secreto, que nadie llegaría a saber cuál era su verdadero juego, del que ya se había hecho un verdadero experto, cuando cada mañana se miraba al espejo y se colocaba su máscara, esa máscara que ya no se quitaba hasta que se refugiaba de nuevo entre las sábanas, al caer la noche. Era entonces cuando todos sus fantasmas hacían acto de presencia, cuando sus más oscuros secretos salían a la luz y le robaban el sueño. Pero creía que sólo ese espacio conocía la verdad, la mascarada que cada día representaba ante el mundo. Creía estar engañando a la vida, cuando era un engaño a sí mismo. Sin embargo, ella lo supo desde el primer momento. No le hizo falta ninguna respuesta a ninguna pregunta. Sólo observar más allá de lo que, a simple vista, podía verse.

Foto V.C.G. para Las discordias de Hera

jueves, 8 de octubre de 2015

Mentes de cristal

Después de varias semanas de ausencia los ecos de su voz no habían desaparecido. Resonaban dentro de su mente como si fueran recuerdos de hace mucho tiempo, ese tiempo que había hecho estragos, con sus eternas noches y sus sueños como parte de un ritual diario del que casi prefería no formar parte, porque soñar se había convertido en algo así como revivir situaciones, una y otra vez, en su mente. No quería despertar con aquel rostro en su cabeza, no quería abrir los ojos y comprobar que la realidad seguía allí..., pero si cerraba los ojos las voces parecían agolparse y le acompañaban más allá de los sueños, más allá de los días, y de las noches.
(Día mundial de la salud mental)